SECCIONES
Editorial
Presentación
Immex al día
Personaje Immex
Infraestructura Aduanera
Comercio Exterior
Immex de la A a la Z
Vínculo Internacional
Logística y Transporte
Marketing para Exportación
Industria de Éxito
Guía de lectura
Indicadores
Varios
Humor
Ligas de Interés
Secretaría de Economía
Aduanas México
Bienvenidos Año 2, No. 9

Vínculo Internacional

La Unión Europea y la Interacción Francesa en el Mercado Común

La Unión Europea (UE) es un continente que nos hace soñar y albergar esperanzas por un mundo mejor. Un lugar que por mucho tiempo se ha considerado culturalmente avanzado y que se impone, para muchos países del orbe, como un modelo a seguir.


Sin embargo, esta unión de 27 naciones es casi ficción, ya que es una unificación mal comprendida por el resto del mundo e incluso por los países miembros, ya que pese a los avances logrados en materia de mercado interior, no consiguen ponerse de acuerdo para llegar a una solución que permitan establecer un marco jurídico general y una política común en beneficio de los ciudadanos de los Estados que la componen. No se debe pasar por alto que la UE es finalmente el resultado de muchas luchas sangrientas (como la primera y segunda guerra mundial) y que hasta el momento parece ser el camino adecuado para la pacificación de las naciones que la conforman; aunque para muchas de ellas la UE sólo tenga un fin económico y no uno cultural o político (como es el caso de Inglaterra y algunos países de Europa Oriental, que no se sienten aún identificados con el concepto de integración). Al interior de la Unión Europa se encuentran los países europeos, los cuales integran un gran bloque comercial único, con diferencias culturales y económicas diametralmente opuestas (ejemplo de ello son Bélgica o Luxemburgo, que si se comparan con Bulgaria o Lituania tienen un considerable contraste cultural y económico). En ocasiones estas desigualdades existen incluso dentro de las mismas naciones (el caso del norte y sur de España es un ejemplo típico de la disimilitud del desarrollo económico y cultural).


Resulta entonces primordial, que el empresario mexicano interesado en exportar a Europa, tome en cuenta estos factores antes de elegir el mercado al que se va a dirigir y pueda saber con cierto grado de certidumbre, en cuál de ellos sus productos tendrán mayores posibilidades de ser aceptados, porque de lo contrario, si pretende abarcar toda la zona económica de la UE, va a encontrarse con grandes dificultades al intentar adaptarse al mercado interno de cada país.


Para facilitar una elección apropiada, vamos a analizar las peculiaridades comerciales de la UE y su relación con un Estado miembro: Francia. Esta nación se encuentra sometida a la supra estructura institucional de la UE y no escapa a la dinámica de la evolución comunitaria1 y al marco de regulación económica europea. Actualmente, no se puede hablar de intercambios comerciales con Francia sin hacer mención del mercado global de la Comunidad Europea y su política comercial común. En efecto, al ser Francia un país fundador del mercado único europeo, su política comercial esta regida por las reglas impuestas por la burocracia comunitaria establecida en Bélgica. La situación económica interna del país se encuentra en fase de desaceleración y ha sido declarado oficialmente en recesión, aunque sin llegar aún a los niveles drásticos de su vecino España, en donde se ha constatado que la crisis económica aun no ha tocado fondo (B).


La Definición del Mercado Único Europeo


Los diferentes tratados europeos han creado modelos de integración económica clásicos, teniendo por objetivo principal la unificación de los mercados nacionales en un gran mercado interno. Esta integración se decidió de manera progresiva. Primero, los seis Estados fundadores2 de la Comunidad Económica Europea acordaron crear una unión aduanera entre ellos. Contrario a una zona de libre intercambio de mercancías como el TLCAN, donde cada Estado conserva hacia los países no miembros una tarifa aduanera propia, la unión aduanera supone no solamente la desaparición de las restricciones a los intercambios económicos entre los países miembros, sino también la instauración de una tarifa aduanera común, que se complementa con una política comercial respecto a terceros países. Sobre esta base se fundó el mercado único europeo, que tiene como objetivo eliminar todos los obstáculos a los intercambios intracomunitarios, fusionando los mercados nacionales de cada nación en un mercado único, con las mismas condiciones y características que las economías internas de cada uno de los Estados miembros. Por lo tanto, se persigue la erradicación total de los obstáculos que puedan afectar el comercio intracomunitario. Al mismo tiempo, se acompaña de una armonización de legislaciones y reglamentos nacionales de las diferentes áreas que regulan los intercambios comerciales, lo cual ha sido muy difícil administrar y llevar a cabo por los dirigentes europeos, además de que genera gran malestar en algunos países miembros acostumbrados a ejercer cierto proteccionismo y control sobre sus economías.


Consecuentemente, el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (TCCE) va imponer una serie de obligaciones a los Estados miembros en cuanto a hacer o no hacer (obstáculos en materia de libertad de circulación; por ejemplo: evitar que un país imponga cuotas indebidas a la entrada de una mercancía) y a los operadores económicos (evitar la disparidad de la competencia; por ejemplo: evitar que un Estado subvencione a empresas para vender mercancías más baratas que las producidas en otro país miembro, a un costo inferior).


Como era natural, la creación de una unión aduanera se tenía que traducir en una supresión progresiva de derechos de aduana para la entrada y la salida de mercancías. Precisamente, el artículo 23 del TCCE prohíbe los derechos de aduana a la importación y la exportación, así como las imposiciones que tienen efectos equivalentes. Los artículos 28 y 29 del TCCE prohíben a los Estados miembros las restricciones cuantitativas a la importación y exportación, así como todas las medidas de efecto equivalente. Dicha prohibición no es absoluta, ya que una derogación es autorizada en los casos justificados, cuando no se respeta la moral pública, el orden público, la protección de la salud y la vida de las personas o la protección industrial y comercial. Sin embargo, esta derogación no debe ser un medio de discriminación arbitrario ni una restricción disfrazada en el comercio entre los Estados miembros. La idea fundamental del mercado europeo es asegurar el libre acceso de las mercancías al interior del mismo y se confirma con el principio de la libre práctica, que permite a los productos de Estados no miembros de la comunidad Europa (como es el caso de México) a circular libremente en el territorio comunitario una vez realizadas las formalidades aduaneras, lo que puede ser de gran interés para los productos mexicanos que se benefician del llamado Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM).


Para poner en funcionamiento todo lo anterior, se decidió crear la Política Comercial Común (PCC), la cual ha armonizado las relaciones comerciales de la UE al interior de la misma y con respecto a terceros países. Desde la creación de la Comunidad Europea, la PCC ha sido el fundamento de las relaciones exteriores de la UE. Esta política comercial consiste en la búsqueda de un equilibrio entre la apertura de los mercados extranjeros a los productos europeos y la protección del mercado interior. En otras palabras, es el medio por el cual Europa propone soluciones para regularizar la globalización, dentro del marco del respeto de las reglas impuestas por la OMC.


La PPC se traduce en un 18% del volumen total de las importaciones y exportaciones en el mundo por la UE y se ha convertido en la primera potencia comercial del planeta, por delante de los Estados Unidos de América (EUA), Japón y China. La UE representa el 20% de las exportaciones mundiales (contra el 13% de los EUA y el 8% de China). La UE compra y vende básicamente productos manufacturados, muy pocos productos alimenticios y materias primas. Importa productos agrícolas –sobre todo de los países en vía de desarrollo- y depende en gran medida de la importación para la generación de su energía. Con un 20% del comercio total, los Estados Unidos son el primer socio comercial de la UE. China se posiciona en segundo rango. El comercio exterior de la UE hacia todo el mundo es de 1 239 mil millones de euros para las exportaciones y 1424 para las importaciones. La balanza comercial es deficitaria por 186 mil millones de euros. Entre los principales clientes importadores de la Unión Europa de 27 países, se encuentran los EUA con 267mil millones de euros, quien es el cliente más importante. China, es el primer país exportador hacia la UE de 27 con 231mil millones de euros.


El financiamiento de la PCC tiene dos instrumentos esenciales: una política aduanera común y la elaboración de reglas comerciales comunes hacia los Estados no pertenecientes a la UE. La unión aduanera implica no solamente la libertad de circulación de mercancías entre los Estados miembros, sino también una política aduanera común hacia países terceros. Después de su creación en 1968, las mercancías importadas pagan los mismos derechos de entrada al mercado Europeo, ya sea que entren por Le Havre (Francia), Barcelona (España) o Atenas (Grecia). Luego, con la finalidad de tener un marco común de importaciones, una tarifa exterior común (TEC) fue establecida entre los Estados miembros, la cual se aplica a las importaciones de mercancías que traspasan las fronteras exteriores de la unión aduanera. Esta TEC puede ser modificada o suspendida, según los acuerdos o tratados con los Estados no miembros de la UE (como el TLCUEM) o las organizaciones internacionales (el caso de la OMC).


Por otra parte, en la PPC existen reglas comerciales comunes hacia los países no miembros de la UE. Estas reglas son lineamientos uniformes, como los acuerdos comerciales, la uniformización de medidas de liberación, la política de exportación y defensa comercial. La importación a la Comunidad de productos de un país tercero no esta sometida a una restricción cuantitativa, sin embargo, la UE dispone de instrumentos de defensa comercial que garantizan el comercio igualitario y la defensa de los intereses de las empresas europeas, conforme a los acuerdos de la OMC, siendo estas las medidas anti-dumping, medias anti-subvención del Estado de origen y medidas de salvaguarda de un sector en dificultad en Europa. Estas reglas tienen fuertes repercusiones al interior de los Estados miembros de la UE, como en el caso de Francia, que ha tenido que adaptar su comercio a las nuevas exigencias comunitarias.


Francia Dentro de la Dinámica del Comercio Europeo


Como todos los países integrantes de la UE, Francia cedió parte de su soberanía al aceptar las reglas supra nacionales, emanadas de los órganos comunitarios: la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Esto ha generado una batalla constante de aceptación y rechazo hacia la intervención europea en las decisiones internas del país. El momento crítico se vivió en 2005, cuando los ciudadanos franceses rechazaron el Tratado que establecía la Constitución Europea.


El nivel de vida ha caído en Francia en los últimos años, tanto por la cantidad enorme de empresas francesas que dejan el país y se instalan en el extranjero –principalmente en los países denominados low cost donde se tienen ventajas fiscales y mano de obra barata; una vez constatada la rentabilidad del lugar, la empresa cierra definitivamente en Francia- así como por la falta de competividad al exterior del mercado intra-comunitario y por la crisis mundial desencadenada en Estados Unidos en el verano de 2007. Por consiguiente, Francia dejó de ser un país industrial para convertirse en una nación europea de servicios. A pesar de que el malestar social aumenta cada día, las instituciones y los ciudadanos mantienen férreamente las fuentes de trabajo, logrando con ello una cierta estabilidad respecto a otros países de la zona europea.


Lejos de la imagen idílica que tenemos del país “del amor y el glamour” (que son estereotipos puramente comerciales), Francia es un país en gran medida agrícola y dependiente del turismo mundial. Dos tercios de su comercio exterior se realizan en el mercado europeo, lo que lo hace la segunda potencia exportadora europea, después de Alemania. En los últimos años, el comercio exterior del país se ha centrado en la alta tecnología y productos de lujo, entre los que encontramos perfumes, aviones Airbus, vinos, medicamentos y algunas centrales nucleares. La economía posee puntos fuertes, ya que es el quinto exportador del mundo. Los sectores en pleno desarrollo son el tratamiento de agua, la energía nuclear, el transporte ferroviario, marítimo y aéreo, donde los conocimientos y la experiencia de las empresas son reconocidos, particularmente en los proyectos complejos de ingeniería. Después de años de divorcio entre gobierno y empresas, las instituciones francesas favorecen el desarrollo de las PYME y las empresas en materia de innovación. Sin embargo, Francia tuvo uno de sus peores años de exportaciones en el 2007, generado por la falta de competitividad de los productos y la baja existencia de PYMEX. Sin ser fatalistas, Francia se encuentra confrontada a una elección sin precedentes: regresar a los niveles de competencia mundial o ver desaparecer, en un lapso de tiempo breve, gran parte de su sistema productivo. A pesar de existir un mercado único, no existe un plan de relanzamiento económico general europeo, pues depende de las particularidades y decisiones económicas de cada país miembro. Por ejemplo, Alemania se encuentra confrontada al problema de la demanda interna, Gran Bretaña al impacto de la crisis inmobiliaria y gran endeudamiento y Francia al retraso de su competitividad, aunado a un sistema social que por momentos pareciera entorpecer el desarrollo de la economía. Ante la situación actual, para continuar produciendo y exportando en Francia se debe de crear una situación fiscal y reglamentaria más favorable que la actual. Ya que si una empresa no encuentra lo necesario para desarrollarse en el hexágono, simplemente se instala en un país extranjero. Mas grave aun es la ausencia de cultura de exportación de las empresas francesas, lo que no ha permitido la creación de una organización o plataforma de exportación eficaz. A esta debilidad, se suma la incapacidad del sistema financiero y las estructuras del Estado francés para acompañar a sus empresas en la conquista de nuevos mercados. Por otra parte, regularmente Francia es acusada por los órganos europeos por el incumplimiento de sus obligaciones de integración de reglas europeas a su legislación interna.


Ante esta perspectiva poco esperanzadora, Francia –como cualquier otro país con una economía de libre mercado, donde existe el desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades- se ha visto obligada a reformarse al interior y tomar nuevas medidas para fomentar el empleo mediante la creación de pequeñas empresas que generen el auto-empleo (programa denominado auto-entrepreneur) y a un cambio en el trato e imagen de sus productos en cuanto a comercio extra-comunitario se refiere. No es normal que en un mercado único, una nación como Alemania tenga un excedente comercial en sus exportaciones y Francia se encuentre en déficit. La Unión Europea se encuentra obligada a dar soluciones a corto plazo a las diferentes formas de hacer comercio de cada país y a hacer de la zona comercial europea un lugar de competencia equilibrada. No será un proceso fácil, porque a diferencia de mercados como el de Estados Unidos donde el idioma oficial es el ingles, en la UE se hablan 23 idiomas oficiales, más los dialectos locales o regionales; además, cada país comparte una historia, cultura y visión del mundo diferente (no podemos comparar los países del norte de Europa como Suecia o Dinamarca con los países del Mediterráneo). Todo esto, hace que la maquinaria europea sufra las consecuencias lógicas de una diversificación de países, pero al mismo tiempo hacen de este gran mercado un lugar atractivo y original para el comercio de mercancías provenientes de otras partes del mundo.


A pesar de la adversidades y sumisiones a las reglas comunitarias, Francia se consólida como una puerta interesante para el ingreso de los productos mexicanos al mercado europeo, puesto que el cambio de moneda es favorable (se tiene un euro fuerte, con lo cual se puede comprar de forma ventajosa en nuestro país), una posición geográfica estratégica en el continente y una apertura a países como el nuestro (que es apreciado y tiene buena imagen comercial en Francia), así como por la cercanía lingüística con el español. Por otra parte, el importador mexicano que busca productos de alta tecnología e innovadores, puede encontrarlos en Francia sin mucho problema. También, se debe aprovechar la coyuntura económica para crear alianzas con los empresarios franceses que buscan invertir parte de su capital en empresas mexicanas y utilizar a México como plataforma exportadora a América del Norte y Latino América de productos de alta tecnología y agrícolas. Desde luego, este paso se debe realizar con mucho cuidado, para no caer en los males de la incomprensión económica y cultural europea y francesa. A nosotros nos toca decidir la conquista de un nuevo mercado.


1 Antiguamente la actual Unión Europa, se llamaba Comunidad Europea (CE), de ahí la utilización del término comunitario para referirse a la Unión Europea (UE).
2 Países fundadores: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos.

 


Guillermo Cambero Quezada
Consultor México, CLH international
gcambero@clh-international.com
http://www.clh-international.com

Recomienda esta página

Regresar


Búsqueda de artículos:
En título
En contenido
Nuestra Portada